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Blog Vivanco: #CulturaDeVino
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Maneras de Contar

“Ir al cine era algo increíble para un niño, como ir a la luna”

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Santiago Tabernero, a sorbos. El alquimista de las emociones.

Por Lali Ortega Cerón

Donde una mirada percibe cepas desnudas, y escucha cómo el viento del Norte trepa y esquiva la Sierra de Cantabria, el periodista, director de cine y guionista riojano Santiago Tabernero imagina las secuencias más dispares, los diálogos más insospechados, las escenas más recurrentes. Entre las hojas de fuego y oro tendidas en el suelo su imaginación compone, en cuestión de segundos, una secuencia de amor en mayúsculas o el crimen más enigmático. Las cepas desnudas del invierno son toda una inspiración.

Entrevistar a Santiago Tabernero es descubrir que la vida, a veces, coloca el talento en su sitio. Que ciertas personas poseen una sensibilidad y una perspectiva de la vida más intensa, más especial. Diferente y sensitiva. Es un gran conversador, un mago del lenguaje. Es el alquimista de las emociones.

El 26 de diciembre este guionista, periodista de raza, creador en 1998 del programa cinematográfico Versión Española (TVE), único espacio en España dedicado al cine desde hace 18 años, se meterá a los más pequeños (y acompañantes) en su “bolsillo mágico”. Ya “entre copas”, será el momento de charlar con Santiago Tabernero sobre las luces y las sombras del cine, del vino, de la vida. Incluso de cómo olían aquellas salas de cine donde la magia le atrapó cuando su hermana le llevó, con sus amigas, a ver una película de Los Bravos. Desde que experimentó aquella liturgia tan increíble de entrar en una sala grande, apagar las luces y empezar a proyectar sobre una pared una historia en colores… decidió, y lo ha cumplido, que él también tendría alma de cine.

Hace años ir al cine era algo increíble para un niño, como ir a la luna. El aroma de aquéllas salas grandes era distinto a cualquier otro lugar, diferente a cómo olía la vida.

La mirada de un guionista y un director de cine, ¿es como la del común de los mortales?
¡No! (Se ríe) Precisamente en el ADN de un guionista tiene que haber una mirada panorámica sobre la vida y las personas muy particular, que consiste en intentar encontrar las razones de cada personaje, las motivaciones. Por naturaleza tiene que ser una persona muy comprensiva, muy tolerante, un humanista cuya profesión le exige mirar a través de personajes con distintos motivos. Sí, creo que tienes que tener una mirada particular.

En los casting habrá mucho de olfato, un sexto sentido para descubrir el talento, un flechazo como los que ocurren en la vida real, y que no tiene que ser sólo amoroso…
Absolutamente. Buena parte de un personaje lo da la fisicidad, la expresión gestual que aportará al personaje. En ese sentido, en muchas ocasiones, en esos casting se produce el flechazo para que el director encuentre lo que busca entre tantos rostros. En mi caso se produjo en Vida y Color. Buscábamos el actor para el personaje de Javi, el héroe del barrio. Hicimos muchas pruebas a jóvenes actores y no lo encontrábamos. Recuerdo que estábamos en la productora, sonó el timbre, y por casualidad abrí la puerta. Era Miguel Ángel Silvestre -buenos días, vengo a hacer la prueba-. Nada más mirarle supe que era él y luego en el casting me lo corroboró. Fue su primer personaje cinematográfico.

Cuando se te atraganta un guión…
Ufffff (Se ríe). Lo mejor que se puede hacer son dos cosas. Una, llevarlo al purgatorio, meterlo en un cajón y ver, al igual que en los vinos, cómo evoluciona esa historia y esos personajes para que, un tiempo después, te aporten una perspectiva nueva. Otra posibilidad es darte cuenta de que has emprendido un camino equivocado… y lo tiras a la papelera. ¡Ese va al infierno directamente!

¿Qué persona te ha dejado un postgusto muy agradable en el tiempo?
A lo mejor es un tópico, pero en cualquier caso es sincero. Por seguir hablando de guión, sería Rafael Azcona. Tuve la inmensa fortuna de conocerle. Un logroñés, un genio, un ejemplo de mirada de guionista que desde su humanidad era capaz de ponerse en la piel de cualquier personaje. Y además, una persona extraordinaria, un hombre conversador, amigable, tremendamente próximo, sentimental… Personas como él surgen una de un millón.

Y en la vida fuera del cine…
Desde luego la familia y los padres son personas que te marcan la existencia. En el colegio, en la escuela, profesores que son maestros (como mi profesor Muguruza en mi colegio Jesuitas, que sigue siendo un referente en la actualidad). Y luego entramos en el terreno del amor. Con Paz, mi chica, llevamos 30 años… ¡y seguimos enamorados, que se dice pronto! Y amigos referenciales. Haciendo balance es desolador porque muchos, por varias causas, han muerto. Es terrible. Los echo muchísimo de menos. Cillero, Daniel González… De repente te das cuenta de que hay ventanas abiertas en tu edificio, sopla el viento, y hace frío.

Me da la sensación de que tú eres de los que escucha
Quizá tenga que ver con la vena de guionista. Escuchar es su fuente de información permanente. No se puede desconectar. No sé si el guionista nace o se hace; si me gusta tanto escuchar porque soy guionista, o viceversa. Pero la ficción se nutre de la vida y la vida está llena de ficciones. Escuchar a la gente es un pasatiempo maravilloso. Me resulta fácil. A veces me doy cuenta de que en algunas personas hay déficit “de escuchar” y sólo se oyen a sí mismos, acompañados de una verborrea de la que son inconscientes y que probablemente les impide crecer.

Tu primer contacto con el vino
Sí, claro. Mira, es algo muy tradicional de la España pobre y en concreto de La Rioja. Cuando no había, en las casas a los niños nos daban para merendar pan con vino y azúcar. Recuerdo algunas tardes en el Barrio de San Lázaro, donde yo vivía, que es en parte el germen de mi primera película Vida y Color. Me recuerdo con siete años por la calle de barro y charcos, cabizbajo, meditabundo, pensando qué hacer conmigo y cómo ser de la pandilla (porque no lo era) y probablemente comiendo aquel pan untado con vino y con azúcar. (Se ríe).

En la asignatura de guión audiovisual nos contaban aquello de que, en una película, era vital la evolución de los personajes. ¿Cómo ha sido el camino de Santiago Tabernero hasta llegar a diciembre de 2015?
Bueno… (Sonríe). Es cierto. En todo guión hace falta la prueba del algodón. Es decir, que en el arco temporal en el que evoluciona la historia los personajes llegan a un lugar y les modifica, les ha hecho crecer como personas, o les ha expulsado de algún sitio. La vida es un largo guión que pasa muy rápido. Ya, con 54 años, digo que estoy en el inicio del tercer acto del guión de mi vida. Uno no deja de cambiar a lo largo de su existencia y, sin embargo, no deja de ser el que era. El 90% del que soy, ya era siendo niño. La mirada, la inquietud, la sensibilidad, cierta capacidad empática, todo eso ya estaba en mí, probablemente, cuando salí del cascarón. Y tengo la inmensa fortuna de que esa naturaleza que me vino dada no ha hecho más que refundarse o recrearse con la incorporación de conocimientos, personas, experiencias. Digo alguna vez que esa reencarnación está yendo bien. (Se ríe). Estoy contento.El cine y el vino tienen mucho en común. Pero quizá una de las cuestiones más sobresalientes es que hay que elaborarlos a lo largo de todo el proceso con pasión. Ya sea el director de cine, o el enólogo, en ambos casos la entrega personal es muy sincera.

¿En qué película se ha vaciado Santiago Tabernero?
¡Guauuu! Pido el comodín de la llamada. (Risas). Pongo el corazón en todo lo que hago y todo lo que firmo me representa. En concreto, en el cine, en las dos películas que he dirigido. Vida y Color y, hace año y medio, Presentimientos. En las dos me volqué y me di contra mis límites. Si hay algo por lo que me resulta alentador hacer cine es porque es un reto inconmensurable. Te obliga a estar tan pilas, tan despierto y absorbente de información, a procesarla rápidamente y a encontrar respuestas que no sabías que tenías. Hacer cine es como escalar un 8000 mil. Tengo que prepararme, el camino es frustrante, a veces tienes la sensación de que eres un impostor y al mismo tiempo sientes que la tierra se mueve bajo tus pies, que gira, y que eres más listo (o tonto) de lo que creías.

Qué es más fácil, ¿hacer reír o llorar?
Sin duda, hacer llorar. La risa es un ejercicio emocional e intelectual, producto de una paradoja, un contrasentido, un absurdo… El humor es una especialización muy difícil, aunque hay gente especialmente dotada. Hacer llorar, provocar miedo o inquietud es más sencillo. En este caso los tics reflejos son más simples.

Al cine hay que ir llorado, ¿o hay que aprovechar el momento y desquitarnos a gusto?
No, no, ¡tenemos que ir dispuestos a que la película nos zarandee, que nos mueva el músculo de la risa y nos saque la cebolla de las lágrimas, te agite la expectación del niño! Hay que ir dispuesto a que te pasen cosas. Y aunque sientes vértigo, estás dentro de un permiso, que es la ficción.

La película que te queda por hacer
Tengo ideas como para tres o cuatro. La gente en La Rioja siempre me pregunta ¿qué es de tu “Capitán”? Quiero hacer una película medieval, en tierras riojanas, inspirado en el Capitán Trueno. Sólo que a mis héroes les cojo al final de sus vidas, cuando la enfermedad, la muerte y el sentido de perennidad acechan. Personajes que han vivido sus aventuras en un mundo libre y salvaje y que, cuando han querido pedir la jubilación anticipada, les espera la mayor aventura de sus vidas, contra sus límites. Uno de mis planes es sacar el guión del cajón y hacerlo realidad.

Pues saldrá…
Me gusta mucho una canción de Marlango que dice “lo que sueñas, vuela”. Y en mi vida lo que he soñado con fuerza suficiente ha terminado volando. Cumpliéndose.

Silvia Abascal, Eduardo Noriega, Miguel Ángel Silvestre, Carmen Machi… al igual que el vino es un arte, no es menos artístico ser capaz de sacar la mejor interpretación de un actor
Pues sí, sí. Los actores son personas muy particulares. Son muñecos de ventrílocuo que necesitan instrucciones precisas, tanto relativas al personaje, como soluciones empáticas, de saberse en confianza. Son instrumentos musicales muy frágiles que, a poco que te descuidas, se desafina una cuerda. He tenido la inmensa suerte de trabajar con actores muy talentosos y que se han confiado en mí, y yo en ellos. Hemos llegado juntos a momentos preciosos de comunicación en el rodaje. Si partías de una amistad previa, como con Eduardo Noriega, se convierte en otro grado de amistad y camaradería. Los actores son tremendamente tímidos en su vida personal. Cuando los focos les apuntan y surge la voz ¡Acción!, en ese momento son actores que ejercen su papel. Pero son personas muy vulnerables: una mala crítica o una opinión del director, no suficientemente encendida, les retrae, hace que en la siguiente toma sean más torpes. Es un delicado equilibrio del director como médium con la persona, con el actor, para que de ese diálogo surja una magia nueva en un personaje que no existía.

Otra de las similitudes entre el vino y el cine es que, casi rozando lo íntimo, ambos dependen del tratamiento de la luz, de las sombras, del tiempo y del silencio. Vida y color, tu ópera prima candidata al Premio Goya al Mejor Director Novel de 2006 y Premio a la Mejor Película Iberoamericana del Festival Internacional de Cine de Miami de 2006, tiene los claroscuros de la propia vida.
¿Ha habido alguna película que te haya dado la luz en un momento personal oscuro?
Pues sí. En un momento de bajón existencial (sonríe) la película Ed Wood, de Tim Barton, me congració con la vida y con la esperanza de vivir. Y, por otras razones, Minority Report de Steven Spielberg.

Y a la inversa. ¿Te ha llegado el feedback de algún espectador al que le hayas alumbrado el camino?
Sí, sí, sí. Con Vida y Color he tenido experiencias muy emocionantes con los espectadores en el sentido que tú dices. Que les ha emocionado, que les ha hecho recordar el niño que eran, que tenían ese álbum y les ha recordado a su abuelo… Recuerdo en Toulouse, que pasa por ser la capital de la República Española durante el franquismo, donde muchos republicanos se exiliaron. En el Festival hicimos un pase. Al término se me acercó un anciano –me emociono sólo de pensarlo- de ochenta y tantos años. Español. Exiliado. Y tras sus infinitas arrugas todavía brillaban los ojos de un niño, asustado probablemente, y emocionado, y al darme las gracias rompió a llorar. Le entró un ataque de llanto… -no puedo seguir-.

Presentimientos, basada en la novela de Clara Sánchez, podría ser un ejemplo. El desencuentro de una pareja, vamos, el pan nuestro de cada día. ¿Qué receta darías para evitar el desamor?
Es una película sobre las relaciones de pareja, sobre el amor, que exige ser trabajado para que la rutina no se apodere de él. Para que no llegue un momento en que el amor se haya esfumado, se haya ido por la ventana. Una pareja que tiene un bebé… Porque un hijo si no es deseado, puede convertirse en un agujero negro por donde se va el amor y se entra en barrena. Yo creo en las segundas oportunidades. Ante una crisis de pareja, si los sentimientos permanecen, o si produce una catarsis que les haga pensar por qué el otro es importante en su vida, merece la pena. La vida está construida de segundas oportunidades. Si no sería absolutamente terrible vivir.

¿El silencio más elocuente del cine?
Hay una película con muy pocos diálogos: 2001, una Odisea en el Espacio. Llena de silencios que te obligan a elaborar tú, probablemente, el guión como espectador. El silencio acompañado de la banda sonora, el vals de Strauss, te ayuda a construir tú mismo los diálogos. Hay muchísimas películas. He visto tantas que me resulta muy complicado. Me viene a la cabeza Melancolía.

Esa película que te sigue emocionando
¡Me han emocionado tantísimas! Yo soy muy llorón, lloro mucho en el cine. En una comedia romántica, cuando surgen soluciones de felicidad, cuando se besan, cuando el actor tiene ese diálogo de redención, cuando una persona ha superado retos, es más noble y se enfrenta a la vida con otra determinación… eso me emociona. Holy Motors, Los amantes del puente nuevo, Una historia verdadera, Tierra me marcó cuando la vi…

La peor pesadilla
Cualquier película mala. ¡Hacer una buena película es tan difícil, supone una alquimia tan compleja incluso para los buenos directores! Incluso en los mejores la trayectoria es irregular. Lo normal es que la mayonesa se corte por algún lado. (Risas). Algunas insultan a mi inteligencia y mi sensibilidad. Y en ese caso, cuando no me representa, se convierte en una pesadilla a la que no doy demasiada oportunidad. En general el cine de palomitón, comercial, no me suele gustar. Y aunque hablen de sentimientos, me da la sensación de que me están timando.

Un poco de nostalgia. Tu imagen de niño en aquéllos grandes cines de la ciudad, el Sahor, el Avenida, el Bretón… que nos golpean al pasado.
Me hacen sentir carpetovetónico, tremendamente viejo. Pertenece a un mundo al que ya nunca regresaremos: el de los grandes cines populares de provincias. Logroño era una ciudad muy pequeña, donde en seguida te encontrabas con los márgenes de lo soñable. En esa ciudad de provincia ir al cine era algo increíble para un niño. Era como ir a la luna, a una fiesta. Incluso el cine olía distinto a cualquier otro lugar, a cómo olía la vida. Había hasta un anuncio ¨sala aromatizada con Menforsán”. Las sillas no se parecían a las sillas de formica de mi casa. Y aquélla pantalla ¡una sábana gigantesca donde todo era posible! Pasar por taquilla, el ritual del acomodador, lo echamos mucho de menos. Ahora tenemos grandes pantallas de plasma en casa, la calidad de la imagen es total, los avances tecnológicos. Pero en cualquier momento suena el teléfono, oyes la cisterna del vecino, cualquier cosa interrumpe la historia que te cuentan en imágenes. Antes, en el cine, se suspendía el tiempo. Ahora no. Vas a la nevera, coges una aceituna, y la historia se fragmenta. De alguna manera tú mandas sobre la película. Antes mandaba sobre ti, era maravillosa.

Qué actor te ha impactado más en las distancias cortas
El primero que se me ocurre es Javi Cámara. Además tengo la fortuna de ser buen amigo suyo. Riojano ilustre, es una persona emocionante. Lo es como actor y creo que lo que el espectador intuye en una pantalla de cine, se corrobora en su vida. Tiene una capacidad empática, una sensibilidad, una cultura, un sentido del humor contagioso…

Hablas mucho de la música…
¡Me encanta la música! Alguna vez he dicho que me gusta más la música que el cine. Es un arte abstracto. El cine, salvo experiencias concretas, tiene que ser realista, como Goya o Velázquez. Tiene que parecerse a la vida y reconocerse, tiene que someterse a una serie de normas no escritas. Sin embargo la música se mueve en el terreno sensorial, de las emociones. Disfruto muchísimo. Por desgracia no sé música, pero no hay nada que me dé más envidia que ver a un compositor anciano deslizar los dedos por las teclas y sacar de ahí una maravilla. Antes me compraba decenas de discos, no me cabían en la casa. ¡Apareció Spotify y la vida me cambió! La música en el cine es algo extraordinario y una aliada. En mis dos películas he trabajado con grandes músicos.

Y esa actriz que borda cualquier interpretación
Con la que he tenido una relación directa… probablemente Silvia Abascal en Vida y Color. Sabes que también participó su hermana, Natalia Abascal, la chica con Síndrome de Down que encarna a Ramona. Silvia me emocionó no sólo como actriz, sino como hermana, como coach, como persona de una sensibilidad extrema, finísima, exquisita… Más la superación tras la crisis tan tremenda que se produjo en el Festival de Málaga, que le ha llevado a un largo calvario del que poco a poco va saliendo, me hacen pensar en Silvia Abascal como una heroína moderna. Y Carmen Machi, con la que tengo una relación muy bonita. Todo lo que te he dicho para Javi Cámara serviría para ella.

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El próximo sábado 26 de diciembre, tendrás un encuentro con los más pequeños gracias al programa Vivanco Kids. Y, por la tarde, una charla distentida, copa y tapa mediante, con un público más adulto.
¿Con qué nos vas a sorprender?
¡Ya ves que soy de fácil conversación! Confío en que la curiosidad de los niños, la que puedan sentir por mí, y la que descubra en ellos, nos lleven a reírnos, a hablar de mil cosas, de qué les divierte, de sus personajes, de sus héroes. ¡Va a ser un gran momento!

¿Qué aprende un guionista y director de los niños en un rodaje?
Los niños son los depositarios de la humanidad. Es en sí todos los seres humanos y no tiene que pedir perdón por ello. No ha cogido todavía los aprestos de la civilización. Cada uno de sus actos es natural y probablemente tengan las mismas reacciones que tenía un niño de la Edad de Piedra. En ese sentido, como son buenos salvajes, todos los niños de cualquier época se parecen, son el mismo niño. Para un guionista, para alguien al que le gustar observar y escuchar, un niño es un pozo inagotable de fascinación.

Ahora en Navidad, ¡la de “escenas” que podrías encontrar alrededor de una mesa!
¡Fíjate! La Navidad está asociada a la familia. El 60% de las películas de la historia del cine hablan de ella. La pareja, el reducto mínimo de civilización, es resultado de una elección. Una familia es el caldo de cultivo del que uno parte. Las familias son cómicas en sí mismas, porque son dramáticas, la tragedia pasa fácilmente por sus destinos, la familia asociada a la Navidad, el ¡estoy hasta los cojones, quiero que se acabe cuanto antes! nos llevarían directamente a algún tipo de comedia negra, costumbrista, que en manos de Rafael Azcona, como así ha sido, o como Berlanga, provocaría obras maestras como Plácido.

¡Qué hubiese sido del cine sin el vino!
El vino como motor del cine aparece en muchísimas películas, como tema, fondo, instrumento que une o separa… También forma parte de la creación cinematográfica. Yo suelo escribir con una copita de vino y me ayuda a pensar, a debatir, a coloquiar, a reflexionar. El último guión que estoy escribiendo… esta tarde he quedado con el co-guionista para terminarlo, mi gran amigo Borja Echeverría, y abrir una botella de vino, servirnos una copa de Rioja y hablar, enredar, y pensar en el futuro de los personajes, ¡es todo uno! El vino, estoy seguro, está en la trastienda de muchos procesos de creación.

Pues hasta aquí hemos llegado. ¿Quieres añadir algo más?
(Muchas risas). ¡Estoy vacío!

Si queréis venir a la charla de #ManerasDeContar la Cultura del Vino que realizaremos el 26 de diciembre, aquí podéis comprar las entradas: http://vivancoculturadevino.es/es/reservas/

Aquí podéis ver cómo nos lo pasamos con Pepe Viyuela

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