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Blog Vivanco: #CulturaDeVino
En el blog de Vivanco, entendemos el vino como una forma de vida, desde una perspectiva innovadora y llena de energía, ofreciéndote una experiencia única en torno a la Cultura del Vino.
Maneras de Contar

¡Un brindis por la vida monda y lironda, bajo las estrellas!

bernardo ataxa blanco negro

Bernardo Atxaga, a sorbos

Por Lali Ortega Cerón

 El 22 de julio, en Maneras de Contar la Cultura del Vino

“Ahora entiendo que la complejidad de la vida es en realidad el misterio. Leer y escribir ha sido para mí el modo de acceder al mundo.”

Apenas acaba de llegar de la frutería. Quizás no ha tenido ni siquiera tiempo de colocar en su sitio unas vainas, unos albaricoques y un melón. Una frugalidad que trasciende la gastronomía, porque el escritor Bernardo Atxaga no necesita mucho para conseguir un estado cercano a la felicidad: “he aprendido a conformarme con las pequeñas cosas. Las grandes las dejo para los escritores de epopeya. En mi caso la felicidad se parece bastante a la tranquilidad. Si estoy tranquilo, sentado en una silla, no sé si necesito mucho más”.

Rodeado de montañas, en un pequeño pueblo de la provincia de Álava, el sosiego que también encontramos al leer sus libros (a pesar de alguna historia donde se respira una profunda soledad y desasosiego) se cuela en la conversación. Los que tienen el placer de entrevistarle destacan su elocuencia al escribir y su amabilidad. Doy fe. Y también de su agilidad para trenzar pensamientos y símiles, que tan bien desenredan su familia, amigos y lectores. Un don que alimentó desde los 15 años y que, por suerte, quedó plasmado en papel, en 1972, con 21 años.

Desde entonces un libro de Bernardo Atxaga es sinónimo de disfrute, de frases que marcan la lectura y se mantienen suspendidas, como un satélite, para atraparlas. Para desgranarlas. “Si el trabajo se queda sobre la mesa, si ese escrito no se socializa, sin esa contestación, a veces favorable, a veces negativa, es muy difícil seguir en el oficio de la escritura.” Los suyos, por suerte, no se han desvanecido entre buenas intenciones sin culminar. Su libro de poesía, Etiopía, fue crucial. Hasta los estudiantes lo tenían encima de su mesilla. Y ahí empezó todo…

Qué tardes tan buenas estoy pasando al leer tu primer gran éxito Obabakoak (Premio Nacional de Narrativa 1989). Como dice el humorista, si esto sigue así, ¡tienes lectora para toda la vida!

(Muchas risas) Está bien, está bien.

Como escritor, ¿siempre con los ojos bien abiertos?

De todos los sentidos, el más importante desde el punto de vista cultural e histórico ha sido la vista, de manera que lo asociamos directamente a la inteligencia. “Ya lo veo” significa “ya lo entiendo”. Y cuando se dice “no te había visto”, casi siempre es mentira. Tiene la particularidad de que es muy aplicada, no perdona, y es intensa en cuanto a la percepción. Para un escritor tiene sus pros y sus contras: no soy partidario de que en un libro haya muchas descripciones basadas en los ojos, porque los posibles fallos se detectan con más facilidad que con el oído. Y con la vista hay tropismos, como la romántica luna llena.

bernardo atxaga sofa entrevista

Foto: Donostia/San Sebastian 2016

¿Como la memoria, que puede ser engañosa?

Bueno, más que engañosa o traicionera, es que no alcanzamos a ver el infinito porque intelectualmente estamos limitados. La memoria no cabe en una lista. ¡Es de una variedad, una diversidad y un detallismo! A veces aparece en sueños o de manera inconsciente. Posiblemente es una limitación afortunada porque si no, nos volveríamos locos.

¿En qué te fijas al conocer a una persona?

En realidad ya te has fijado antes de ser consciente. Inmediatamente hay una percepción, desagradable o extremadamente agradable. En ese sentido la cultura árabe tiene razón: la mirada es fundamental, expresa toda una historia y es muy importante para saber cómo es alguien. También la voz, no tanto por si es bonita o fea, sino por la historia que arrastra, incluida la familiar. Las voces entre generaciones se parecen.

Hablando de la mirada, estuve pensando al ver tus entrevistas y tu manera de expresarte, también con los ojos, qué otra profesión podría acompañarte. (Se queda pensativo…). Creo que Bernardo Atxaga podría ser astrónomo.

Hay un libro que acabo de editar y se llama Horas Extras. Y justo hablo de eso. De impresiones poéticas, casi físicas. Y cito la caída de la nieve, la visión de la noche estrellada… Y más naciendo en un pueblo, en una época en la que no había tanta luminosidad. Para mí ha sido una fuente poética y siempre he coleccionado teorías sobre las estrellas. ¡Bueno, bueno…! ¡No me disgustaría nada el oficio de astrónomo!

¿Por qué escribes?

Desde que tengo recuerdos asocio, cómo diría yo… los dos lados de la hoja, escribir y leer. Con ello me refiero a la comprensión del mundo, a la forma inteligente de estar en él, a la forma profunda de estar en la vida. Un intento, siempre, de aproximarme a entender esa palabra corta, pero de una extraordinaria complejidad. Ahora entiendo que dicha complejidad de la vida es en realidad el misterio, lo que en Alicia en el País de las Maravillas supone estar al otro lado del espejo. Leer y escribir ha sido para mí el modo de acceder a ese mundo. Comencé a hacerlo desde muy joven, en el colegio. Mi familia se trasladó a Andoáin, un pueblo industrial que tenía la suerte de tener una biblioteca a la que iba continuamente. Fíjate lo que te voy a decir: creo que uno sigue escribiendo porque es difícil seguir adelante. El resultado no coincide con la expectativa que tienes al empezar. Debe de ser un esquema muy parecido al que cuentan sobre el póker: si no perdieran, no seguirían jugando. El querer hacerlo mejor tira de ti, tira del escritor.

Con todos tus viajes físicos e imaginarios por el mundo, ¿cuál es la mayor motivación para seguir viviendo?

El amor. Una palabra que corre peligro de ser destruida por ser mal utilizada o porque se trivializa. A la hora de entender el mundo, y las palabras, hay que ir más allá del cliché, de la utilización banal e interesada del término. El que convive odiando o indiferente, camina rápido hacia su conversión en molusco. Son gente triste.

El hijo del acordeonista… ¿tienes el remedio para dominar a nuestros fantasmas o aprender a convivir con ellos?

Lo primero, lo más importante, es no darles facilidades. (Risas). Los habitantes en nuestro interior, que muchas veces no habitan precisamente en nuestra conciencia, requieren de cierto ambiente, de ayudas, para aflorar. Tengo una canción que dice que el corazón es una hucha frágil. La noche es propicia. Y los lugares solitarios. Es preferible no volver a los sitios donde uno ha sufrido… Todo eso ayuda.

¿Qué sensaciones te produce escribir un libro…? Hay mucho de íntimo y personal

Mucha satisfacción. No sé el calificativo… no sabría, no podría vivir sin escribir. Tiene su dificultad y sus fases. La primera, cuando crees que tienes una buena idea, y vas haciendo apuntes, hay una cierta euforia. Luego, al escribir, llegan los obstáculos. Posteriormente crees que esa corriente que es un texto llega al final, se acaba, y entonces preguntas qué tal está, porque a lo largo del proceso vas perdiendo la perspectiva… Y por último, una cierta angustia por cómo se recibirá. Siempre hay una tensión cuando ya el libro se “socializa”.

¿Qué has descubierto de ti mismo?

Mientras escribes la cabeza va muy rápido. Es curioso, pero últimamente he ido sacando el humor, que me acerca a otra manera de ser que he visto en mí, y que antes era una faceta que sólo proyectaba en los cuentos y libros para niños. Y en canciones. Y quizá también descubro aspectos más oscuros. ¡Pero esos en una entrevista no se cuentan! (Risas)

En una biblioteca, aparte de la humedad y los ácaros, ¿cuál es su peor enemigo humano?

Probablemente… voy a decir algo que igual te sorprende: que caiga en manos de una persona a la que le guste leer mucho y no le gusta mucho leer. Hay gente que hace acopio de los libros para tener miles de volúmenes. No se trata de tener una biblioteca infinita, sino una biblioteca esencial: “mis libros fundamentales”.

Si uno se inicia por primera vez en la lectura de Atxaga, ¿qué libro le recomiendas?

Bueno, ¡qué difícil!. Hay dos Atxagas. Empezaría quizá por los últimos libros porque probablemente hay menos marca en el tiempo. Uno sería Siete casas en Francia, con un humor tirando más a negro. Y un libro más poético en prosa: Días de Nevada, muy personal. Depende del humor del lector. También el que acaba de salir: la reedición de Horas extras.

Tras experiencia en Nevada, que tanto te ha inspirado para escribir…  vuelves a España. En unas declaraciones comentabas que en un bar no te deprimes.

Antes de ir a Nevada viví en Atlanta, por ejemplo. Fue la primera experiencia y quizá la más dura, porque de repente no hay calle y no puedes salir a pasear. Quedar con alguien tampoco es tan fácil, ya que viven en los condominios, en la universidad, y no tienen ninguna relación con el exterior. Cuando volví a Vitoria y vi una calle con cinco cafeterías (quizá estoy acostumbrado), pensé que vivía aquí mejor que en ninguna parte.

Hablar por hablar, tocar temas triviales, ¿es sano?

Conversar es quizá el mayor entretenimiento que podamos tener. ¡Ay qué bueno era cuando en el compartimento del tren te tocaba con alguien que hablaba mucho, y bien, y contaba cosas! Era entretenido y divertido. Hoy en día nos estamos olvidando de conversar, porque hablar tiene su base, muy frecuentemente, en la tradición oral y en la lectura. Hablamos repitiendo hechos que hemos leído y oído. En la sociedad actual, siempre con sus teléfonos… en los últimos viajes en tren he comprobado un cierto incremento del nivel de aburrimiento, que la gente habla poco y mal. Últimamente, cuando voy en tren, prefiero contemplar el paisaje.

bernardo atxaga leyendo gente

Foto: Mikel López González

La experiencia es un grado y se nota incluso en tu manera de escribir. ¿Con los años has dado respuesta a los enigmas de la vida y la muerte?

Se entienden muchísimo mejor. Antes me preguntabas sobre escribir… es algo mayéutico, de conocimiento hacia los demás y de autoconocimiento. La vida al principio parece una recta, no se ve el final; luego parece una curva y se ve mejor. De todos modos, no creo que haya una aproximación idéntica ante los grandes temas, que sea igual entre dos personas. Hay variaciones, porque las circunstancias son muy influyentes: la cultura, la situación familiar, lo social… Muy cerca de mí, una persona ha fallecido y otra amiga, de mi edad, tiene cáncer de pulmón… parece una broma, pero me dijo que era una de las épocas más felices de su vida porque nunca había recibido tanto amor. No tiene dolor físico y ella lo está viviendo como otro momento de su vida, sin mayor énfasis a la hora de hablar del momento. En el caso anterior, ese amigo hizo de su funeral una obra de arte, dejó escritas las instrucciones para la ceremonia. Ahora, con los años, tengo algunos asuntos claros: de los cien que tengo delante, de joven podía tener 5 elementos definidos; y, ahora, unos 50 ó 60. Hay un progreso en la comprensión. ¿De ahí al 100%? Cuando los contables (soy economista), finalizaban el ejercicio a mano, ponían dos rayas. Uno puede decidir dónde ubicarlas: hasta aquí he llegado y no voy a pensar más, no voy a inquietarme más. Querer entender todo sería por mi parte una arrogancia.

De economista a escritor… ¿alguna reflexión para los que no se sienten bien en su piel (por circunstancias varias) y quieren un cambio?

Se trata de querer hacerlo, de tener voluntad. Hay que tomarlo al pie de la letra. Lo demás es retórica. Cuando quieres de verdad hacer algo, dejas lo que haga falta y buscas tiempo. Por ejemplo, cuando estudiaba Económicas y había una huelga pensaba ¡estupendo, ahora tengo dos semanas en las que puedo escribir, o intentarlo! Trabajé en un banco durante un año, y luego de profesor, y lo dejé. Ya llevo 29 años escribiendo. A veces uno se pregunta si la perseverancia, la voluntad, son virtudes heredadas que se llevan en la sangre o se aprenden. Yo veo que mis defectos y virtudes los tenían personas de mi familia.

Lectura y niños. Cómo hacer que lean.

Tengo una teoría que quizá no es factible. Hablamos en general, no de un niño concreto en una familia concreta. Lo mejor es volver al teatro. Junto con la poesía y la canción, es uno de los primeros modos de comunicación. Tengo mucha fe en él, es maravilloso y siempre da muy buen resultado. Sólo tiene un problema: que al parecer es caro. Y los gobiernos gastan dinero en fútbol, o en lo que sea que gasten, y la política actual no está llevada por personas con sensibilidad cultural. Si no leen o van al teatro… Actualmente los actores casi tienen que hacer monólogos, no porque le guste, sino por necesidad, porque los montajes son caros.

Tus recuerdos de vino

Los tengo, claro. El vino lo asocio a la ceremonia. No soy chiquitero, sino que me gusta tomar el vino en ceremonias: si he acabado un libro, si la revista está en imprenta… A mi madre le gustaba mucho, siempre comía con vino, y en los restaurantes lo pedía. Sin embargo mi padre era de sidra. En mi casa siempre había dos botellas, sidra y vino, madre y padre. Eso es así. Mi evolución es una síntesis de los dos.

Encuentro muchos motivos para que el público comparta el sábado 22 de julio una conversación y una copa de vino contigo en Vivanco Maneras de Contar la Cultura del Vino. ¿Cuál es el tuyo?

La interlocución es muy importante, la invitación a hablar (por ejemplo nunca acepto un simposio de 1232 escritores, un encuentro industrial, de grandes masas). Sé que desde hace tiempo en Vivanco existe una conexión grande con la cultura, con el arte, con la pintura. La interlocución no es que me llamen por teléfono, sino la invitación a hablar. Me parece un lugar culturalmente señalado en el mapa de la cultura. ¡Hasta el frutero me ha hablado de la colección de pintura de Vivanco!

¿Por qué brindamos?

Por la vida corriente y moliente. La gran vida es todos los días. Es ser feliz con lo que uno tiene.

 

*Foto de cabecera:Garoa

Vivanco
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