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Blog Vivanco: #CulturaDeVino
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de Vino

¿Sabes cuántos colores puede tener el vino?

brindis amigos vino tinto

La vista es el primer sentido a través del cual entramos en contacto con un vino. A través de la vista podemos obtener mucha información sobre las características de ese vino, como su cuerpo, su acidez, una idea aproximada de su edad o incluso la variedad o variedades de uva con las que se ha elaborado. Todo dependerá de nuestra experiencia y de nuestra habilidad para interpretar los mensajes visuales que nos ofrece la mera observación del comportamiento de un vino en la copa. Si conseguimos descifrar esta información, seguramente confirmaremos nuestras especulaciones en las sucesivas fases de la cata, a través de nuestro olfato y de nuestro gusto.

Una de las características de un vino que más nos puede decir sobre él es su color. Por eso, hoy vamos a ver una serie de claves que nos ayudarán a conocer un vino a través de este aspecto. También veremos los principales factores que condicionan el color final que va a presentar un vino.

¿Qué factores condicionan el color de un vino?

Como ya sabemos, uno de los grandes responsables del color final que va a presentar un vino es su proceso de elaboración. En función del mayor o menor tiempo que el mosto permanezca con los hollejos, el raspón y otras partes de los racimos de uvas, el vino resultante presentará uno u otro color. De esta manera, obtendremos vinos blancos, rosados o tintos, partiendo, respectivamente, de un tiempo de contacto inexistente, hasta un tiempo de varios días.

Esto se debe, principalmente, a la acción que dos polifenoles presentes en las partes sólidas del racimo tienen sobre el mosto: los antocianos, que están en la pulpa y en la piel de la uva; y los taninos, que se encuentran en la piel, el raspón y las pepitas de la uva. Estos últimos son además responsables de la sensación de astringencia de un vino en boca. Los antocianos, por su parte, aportan inicialmente al mosto un color color azulado, que va transformándose a naranja o rojizo con el paso del tiempo.

La variedad o las variedades de uvas elegidas para la elaboración de un vino es otro de los factores que va a modificar su color. Como puede intuirse, los diferentes colores que presentan las distintas variedades se reflejarán de alguna manera en el resultado final. Uvas como la Pinot Noir, por ejemplo, ofrecerán vinos tintos con colores poco concentrados y tonalidades que pueden ir del magenta al grana; los vinos blancos elaborados con Albariño, generalmente, presentarán un todo pajizo tirando a verdoso… Es decir, que cada variedad es un mundo. El grado de maduración de la uva también influirá en el color final del vino. Las uvas más maduras producirán vinos con tonos más oscuros y opacos, mientras que las uvas más verdes propiciarán vinos más transparentes y claros.

El último de los factores principales que influyen en el color de un vino, y puede que el más determinante a la hora de definir el matiz del color, es el tiempo de crianza o maduración del vino. Por lo general, los vinos tintos van perdiendo claridad y concentración de color a medida que envejecen. Esto es una muestra de la evolución del vino y puede indicarnos si este está en su punto óptimo para el consumo o no. En cuanto a la tonalidad, los vinos tintos jóvenes presentan colores más vivos, oscuros y brillantes con matices violetas, malvas y azulados. Mientras según van envejeciendo, los vinos van pasando a tonos rojos y granates. Los vinos más viejos, normalmente, presentarán colores más apagados: caoba, teja, tonos anaranjados, etc.

copa vino blanco mesa

¿Cómo apreciar el color de un vino?

Para poder apreciar correctamente el color de un vino, sobre todo si es tinto, necesitaremos disponer de buena luz, de color blanco, y de un fondo también blanco (puede servirnos un mantel o una servilleta) sobre el que recortar nuestra copa. De esta manera, evitaremos que la falta de luz o que el reflejo del color de la luz o del fondo modifiquen nuestra percepción del color original del vino. A continuación, inclinaremos la copa unos 45º de manera que el contenido se distribuya en ella en diferentes niveles de profundidad. En este punto, es interesante que nos fijemos en la diferencias de color que pueden producirse entre el centro del líquido y los bordes o ribetes. Una gran diferencia de tono indicará que el vino tiene largo tiempo de maduración. Mientras, colores más compactos y opacos, indicarán que los vinos son más jóvenes. En el mundo del vino, nos referiremos a vinos de capa baja, media o alta según el nivel de opacidad que presenten. Los vinos de capa baja serán bastante transparentes, permitiéndonos ver a través de ellos sin demasiados problemas. Estos vinos suelen tener poco cuerpo, presentan un nivel notable de acidez y tienen tonalidades claras. Los vinos de capa alta, por el contrario, serán los que presenten un mayor grado de opacidad. Esto, será sinónimo de mayor cuerpo, estructura y mayor concentración de taninos.

La tonalidad de color del vino

Las principales características del color son la luminosidad, la saturación y el tono. Las dos primeras hacen referencia a la capacidad de un color de reflejar la luz y a su concentración. El tono, por su parte, viene determinada por la propia naturaleza del color en sí, es decir por la longitud de onda de la luz que un material de determinado color es capaz de reflejar. Así, cuando comúnmente hablamos de color, por lo general nos estamos refiriendo al tono. Teniendo en cuenta esto a la hora de clasificar los colores más comunes que podemos encontrarnos en vinos tintos y blancos, podríamos establecer, de manera general, las siguientes escalas:

Vinos tintos

  • Violáceos y azulados. Esta tonalidad la presentan normalmente los vinos tintos más jóvenes y poco evolucionados. En ellos se percibe aún la influencia de los antocianos sobre el mosto en los reflejos azulados. Serán vinos con poco cuerpo, buena acidez y frescos.
  • Granate. Es el tono de los vinos tintos al inicio de su evolución. Lo presentarán vinos con cierto grado de crianza, normalmente de no más de 3 años.
  • Rojo. Se trata de vinos tintos en el momento culmen de su evolución. Presentan un color brillante e intenso. Tienen algo más de cuerpo que los dos anteriores.
  • Caoba. Lo presentan vinos con bastante tiempo de evolución, en los que las tonalidades más vivas empiezan a apagarse. Serán vinos con tiempos de crianza largos. Se intensifica el cuerpo del vino y se pierden frescura y acidez.
  • Teja. Es el tono de los vinos tintos más viejos, que presentan tonalidades tirando a anaranjadas e incluso ambarinas. Indica tiempos de crianza muy largos, durante los cuales el vino pierde intensidad de color, opacidad y brillo. Serán vinos muy evolucionados.

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Vinos blancos

  • Pajizo verdoso. Tonos claros, de un amarillo pálido con reflejos verdosos. Este es el color de los vinos blancos más jóvenes, por lo que serán frescos y ácidos.
  • Pajizo. Color de los vinos algo más hechos que los anteriores, pero con un tiempo de madurez aún bajo. Color pálido propio de blancos secos jóvenes.
  • Dorado. El color común entre los vinos blancos jóvenes. Color amarillo dorado  brillante que empieza a mostrarse a partir de un cierto tiempo de maduración. Bajan los niveles de frescor y acidez. También puede encontrarse en vinos con cierto contenido en azúcar e incluso en vinos dulces.
  • Oro cobrizo. Color presente en vinos blancos con bastante evolución, normalmente blancos secos con estancia en barrica. Pueden comenzar a apreciarse aromas a madera, vainilla, etc.  También es un color común entre los vinos blancos dulces.
  • Ocre. Color más oscuro y apagado, menos brillante y que puede mostrar reflejos cobrizos. Este color lo presentarán los blancos con mayores tiempos de crianza, así como los vinos dulces y vinos amontillados y fortificados.

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Como hemos visto, a través del color del vino podemos apreciar y conocer muchas cosas sobre un vino: la variedad y estado de maduración de las uvas escogidas para su elaboración, su proceso de vinificación, si ese vino está en buen estado o no, su tiempo de crianza. También nos permitirá adelantar ciertos matices sobre su sabor o su aroma. Otro camino más, el del color, para seguir aprendiendo y disfrutando del vino, esta vez, a través de la vista.

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